El secreto del mejillón está en el alga

Desde la cubierta, las bateas parecen estructuras tranquilas flotando en el agua. Cuerdas, boyas y mar abierto. Pero bajo esa superficie sucede un proceso continuo y fascinante que casi nadie ve: millones de algas microscópicas alimentan, minuto a minuto, a los mejillones que crecen en las Rías Baixas.

No es pienso. No es alimentación artificial. Es biología pura trabajando a favor del sabor.

Este equilibrio natural es lo que convierte un paseo entre bateas en algo más que paisaje: es entender de dónde nace realmente el producto estrella de la ría.

Un comedor suspendido en el mar

El mejillón no caza ni pasta: filtra. Abre ligeramente sus valvas y deja pasar agua de forma constante. En ese flujo captura partículas nutritivas invisibles al ojo humano. La mayor parte son microalgas, también llamadas fitoplancton.

Cada mejillón funciona como un sistema de filtrado natural que opera sin descanso. El mar es su despensa abierta. Cuanto más rica y equilibrada es esa comunidad microscópica de algas, mejor crece.

Por eso las zonas con aguas dinámicas y ricas en nutrientes producen mejillones de mayor calidad. Y por eso estas rías son un entorno privilegiado para el cultivo.

Microalgas: el origen real del sabor

Cuando hablamos de algas, muchos imaginan grandes láminas verdes o pardas adheridas a las rocas. Sin embargo, el alimento clave del mejillón es microscópico. Son microalgas flotantes que realizan fotosíntesis y transforman luz y nutrientes en energía biológica.

Diatomeas, dinoflagelados no tóxicos y microalgas verdes forman la base de esa dieta. Constituyen el primer nivel de la cadena alimentaria marina. Sin ellas, no habría crecimiento. Con su presencia equilibrada, el ciclo funciona con precisión.

Las poblaciones de microalgas son monitorizadas de forma continua por los sistemas de control marino, ya que de su composición depende tanto la productividad como la seguridad del cultivo.

Un mar diseñado para producir vida

Las rías funcionan como auténticos motores naturales de fertilidad marina. Las mareas renuevan el agua, los aportes de nutrientes llegan desde tierra y, en determinadas épocas, ascienden aguas profundas cargadas de minerales. La luz solar impulsa la producción primaria.

El resultado es una elevada productividad de fitoplancton que sostiene a moluscos filtradores como el mejillón. No es casualidad, es una combinación de factores oceanográficos bien estudiados.

De ahí nace la reputación del producto certificado por la DOP Mexillón de Galicia, respaldado por controles científicos y trazabilidad completa.

Mirar las bateas con otros ojos

La próxima vez que navegues entre bateas no verás solo cuerdas cargadas de mejillones. Verás un sistema vivo funcionando bajo el agua: luz convertida en microalgas, microalgas transformadas en proteína marina de calidad.

Comprenderlo cambia la experiencia. El paisaje sigue siendo espectacular, pero ahora también cuenta una historia.

Cruceros Pelegrín, la mejor manera de disfrutar del mejillón gallego

Si quieres disfrutar en primera persona del sabor de los mejillones a través de una experiencia única, en Cruceros Pelegrín te ofrecemos la posibilidad de viajar en uno de nuestros barcos hasta las bateas desde O Grove o Combarro. Te explicaremos con todo detalle cómo funciona el cultivo y podrás degustarlos a bordo.
¿Quieres más información? Contáctanos. Nos encantará escucharte y ayudarte en todo lo que necesites.

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